sábado, 27 de agosto de 2016

HINDS: CHILI TOWN (2016)



Adelaida Martín, que toca el bajo, es hija de arquitectos y era estudiante de arquitectura hasta que llegó la crisis.

STEPHEN STEINBRINK (1989): BUILDING MACHINES (MÁQUINAS CONSTRUCTORAS, 2016)


https://soundcloud.com/melodic-records/stephen-steinbrink-building-machines-1

Escucha legal.

Véase la página web de este cantante y compositor norteamericano.

WES BALL (1980): RUIN (2011)

SHIRIN NESHAT (1957): TURBULENT (1998)



Quizá convenga volver a contemplar este vídeo.

... Y vieron que estaban desnudos

"Estaban ambos desnudos, el hombre y su [sic] mujer, pero no se avergonzaban uno del otro" (Gn. 2, 25)

Adán y Eva vivían desnudos en el Paraíso. Pero no eran conscientes de la desnudez. Ésta, en verdad, no existía, porque el vestir era inimaginable. No tenían que optar por ningún modo de vida. Simplemente, vivían. Fue Yahvé quien les hizo ver, y sentir, que estaban desnudos. Se avergonzaron y se cubrieron. Se vistieron porque los ojos de Yahvé les mostró su estado: definió y calificó su estado, ante el que reaccionaron.
Nos vestimos para sentirnos a gusto; y para gustar a los demás. Escogemos la ropa que alcanzamos y que nos place, para complacer a los demás; para merecer su aprobación, para sentir, ver que gustamos, que no desentonamos o nos desmarcamos. La ropa es un medio de comunicación; funda una comunidad. Cada una posee sus códigos vestimentarios. En ocasiones muy duros: desde la escarificación hasta la deformación de miembros y la introducción de elementos ajenos.

Una fiesta, una celebración, una reunión: cada ocasión invita a -o requiere- un modo de vestir. Salvo casos excepcionales, podemos no responder a estos códigos. Pero lo más seguro es que, en estos casos, nos sintamos mal, observados, juzgados, y acabemos dejados de lado, o apartándonos porque sentimos, observamos, que no respondemos a lo que se espera de nosotros.
Los códigos del vestir se aplican en todo momento. Solemos imaginarnos cómo nos sentiremos y qué se pensará de nosotros, qué imagen proyectaremos en sociedad en cualquier momento del día. Nos vestimos, nos vestimos de un modo determinado porque vivimos en sociedad. Pero incluso los anacoretas se cuidaban de descuidar su apariencia para humillarse ante los ojos de lo Alto. Se sabían o se sentían observados.  

Estas reglas no suelen ser, salvo casos excepcionales, inviolables. Podemos voluntariamente saltárnoslas, y acudir a un acto desnudo o vestido de un modo inesperado, sabiendo que nos mirarían, buscando esta mirada. La incomodidad que podríamos sentir no nos impide cuestionar las reglas escritas o implícitas. No lo hacemos para sentirnos bien sino para que los demás se sientan mal: para que empiecen a cuestionarse sus modos de vestir, los códigos que han asumido.
Cualquier traje está dirigido hacia el otro, para complacerle o para ponerle en evidencia. Es posible que en una reunión encorsetada, "encorbatada", una presencia en camiseta -si la persona soporta las miradas sorprendidas o duras- acabe convirtiéndose en un espejo en el que los otros se miran. Cuando mujeres británicas y norteamericanas, a principios del siglo XX, se desprendieron de fajos y refajos en sociedad -estos gestos solo se practican en público-, no buscaron solo la comodidad personal sino la incomodidad ajena, hasta lograr que los otros se vieran con los ojos de quienes cuestionaban las reglas vestimentarias. Estos cuestionamientos -estas puestas en crisis- no tienen como finalidad poner fin a las reglas sino establecer -o imponer- nuevas reglas del vestir que pueden ir desde la desnudez hasta la cubrición absolutas.
Nos vestimos y nos desvestimos para los demás. Para que sepan qué pensamos de ellos. Y podemos aceptar o no los espejos que nos tienden. Los aguafiestas cumplen un papel: trastocan las reglas de juego para alterarlas; pero pueden acaban permanentemente en la reserva, y no salir más al campo de juego.

A Gregorio Luri, agradeciéndole, quién, en una cena reciente, me abrió los ojos.

viernes, 26 de agosto de 2016

La casa maldita (Levítico, 14, 33-57)

"Habló también Jehová a Moisés y a Aarón, diciendo: 

Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, si pusiere yo plaga de lepra en alguna casa de la tierra de vuestra posesión, vendrá aquel de quien fuere la casa y dará aviso al sacerdote, diciendo: Algo como plaga ha aparecido en mi casa. 
Entonces el sacerdote mandará desocupar la casa antes que entre a mirar la plaga, para que no sea contaminado todo lo que estuviere en la casa; y después el sacerdote entrará a examinarla. Y examinará la plaga; y si se vieren manchas en las paredes de la casa, manchas verdosas o rojizas, las cuales parecieren más profundas que la superficie de la pared, el sacerdote saldrá de la casa a la puerta de ella, y cerrará la casa por siete días. 

Y al séptimo día volverá el sacerdote, y la examinará; y si la plaga se hubiere extendido en las paredes de la casa, entonces mandará el sacerdote, y arrancarán las piedras en que estuviere la plaga, y las echarán fuera de la ciudad en lugar inmundo. Y hará raspar la casa por dentro alrededor, y derramarán fuera de la ciudad, en lugar inmundo, el barro que rasparen. Y tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las piedras quitadas; y tomarán otro barro y recubrirán la casa. Y si la plaga volviere a brotar en aquella casa, después que hizo arrancar las piedras y raspar la casa, y después que fue recubierta, entonces el sacerdote entrará y la examinará; y si pareciere haberse extendido la plaga en la casa, es lepra maligna en la casa; inmunda es. Derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, sus maderos y toda la mezcla de la casa; y sacarán todo fuera de la ciudad a lugar inmundo. 

Y cualquiera que entrare en aquella casa durante los días en que la mandó cerrar, será inmundo hasta la noche. Y el que durmiere en aquella casa, lavará sus vestidos; también el que comiere en la casa lavará sus vestidos. 

Mas si entrare el sacerdote y la examinare, y viere que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue recubierta, el sacerdote declarará limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido. 
Entonces tomará para limpiar la casa dos avecillas, y madera de cedro, grana e hisopo; y degollará una avecilla en una vasija de barro sobre aguas corrientes. Y tomará el cedro, el hisopo, la grana y la avecilla viva, y los mojará en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas corrientes, y rociará la casa siete veces. Y purificará la casa con la sangre de la avecilla, con las aguas corrientes, con la avecilla viva, la madera de cedro, el hisopo y la grana. Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad sobre la faz del campo. Así hará expiación por la casa, y será limpia." 
(...o, ¿el fundamento teológico de la arquitectura moderna, purificada, purificadora?)

jueves, 25 de agosto de 2016

Reconstrucciones virtuales de dos edificios antiguos construidos con piezas de cerámica: Termas romanas de Ilturo (Cabrera de Mar, España) & Templo etrusco de Minerva en Veio (Italia)

video

video

Versión de dos reconstrucciones virtuales de las termas romano-republicanas de Ilturo (Cabrera de Mar, España) y del templo etrusco de Minerva en Veio (Portonaccio, Italia) que se incluirán en la exposición sobre cerámica y arquitectura en el Museo de Diseño de Barcelona.
Se diferencia por una interpretación distinta del volumen de las termas que afecta a un detalle, y la inclusión de textos, mención del país donde se ubica Ilturo, créditos, y un menor número de fotografías.

Reconstrucciones virtuales y filmaciones: Marc Marín, arquitecto

Los textos completos son:

TEMPLO ETRUSCO DEDICADO A LA DIOSA MINERVA EN LA CIUDAD DE VEIO (ITALIA, S. VI aC)

El sincero entusiasmo con el que el historiador romano Plinio (Historia Natural, XXXV) describe los elementos arquitectónicos de terracota, desde ladrillos –con los que se construían “murallas que duraban una eternidad”- hasta esculturas etruscas, griegas y romanas, revela que los romanos seguían apreciando las estructuras y ornamentos de barro cocido del pasado, latinos y etruscos, la funcionalidad y belleza de los cuáles habría llevado al legendario rey Numa a establecer un séptimo colegio –o gremio- “para los artesanos de la arcilla”.
Por una vez, lo que las fuentes textuales antiguas (Vitrubio, Plinio) cuentan acerca de los templos etruscos y del uso de la terracota coincide con lo que los restos arqueológicos revelan. El templo dedicado a la diosa Minerva, construido a finales del siglo VI aC en la ciudad etrusca de Veio -del que la exposición muestra varios elementos ornamentales y mágicos-, tenía una planta cuadrada. El volumen se componía de una escalinata de acceso frontal orientada al este, un pórtico cubierto, una cámara sagrada dividida en dos o tres capillas, y un tejado a dos aguas delimitado por dos frontones esculpidos que, a diferencia de los griegos, avanzaban sobremanera con respecto al plano de la fachada. Un muro perimetral macizo sin columnas delimitaba el espacio cubierto. El basamento era de piedra volcánica, la compleja estructura, de madera, salvo las columnas de estilo clásico –dórico, iónico o toscano- de piedra –aunque las primeras columnas de los templos etruscos se construían con esbeltos troncos enlucidos apoyados y coronados sobre bases y capiteles de piedra o de terracota-, el techo de tejas planas y semi-cilíndricas, y las piezas modeladas sagradas, ornamentales y protectoras, de terracota pintada, desde acróteras hasta grandes y esbeltas esculturas de pie, dispuestas sobre el filo de la cumbrera del tejado –el límite entre el mundo de los mortales y el de los inmortales-, que representaban a los dioses y los héroes Minerva, Apolo y Hércules. El templo de Minerva destaca también porque, excepcionalmente, se conoce el nombre de Vulca, el jefe del taller de cerámica que ejecutó toda la obra de terracota del templo –una de las más hermosas de la antigüedad occidental-, quizá incluso algunas de las piezas aquí expuestas, y cuya figura, siglos más tarde, algunos autores romanos aún recordaban.

TERMAS ROMANO-REPUBLICANAS DE CABRERA DE MAR (ESPAÑA, PRINCIPIOS DEL S. II aC)

Aunque Ilturo –Cabrera de Mar-, una pequeña ciudad fundada a principios del siglo II aC, a los pies de un asentamiento íbero aferrado a un altozano, poco después de la conquista romana de la Península, decayó pronto tras el establecimiento administrativo de la cercana Iluro (Mataró), no dejó de poseer unas termas públicas, un tipo de equipamiento que caracterizaba la ciudad romana.
La construcción de éstas, empero, no responde a la descripción o prescripción del historiador y arquitecto romano Vitrubio, sino a un sistema del que no consta ningún otro ejemplo en todo el Mediterráneo –tan solo, en la India, modernamente, existen construcciones parecidas. Las salas termales –de aguas calientes y frías- estaban dotadas, entre otras instalaciones, de una gran bañera bien conservada, alimentadas por el agua de una mina cercana traída por una acequia a cielo abierto y distribuida por canalizaciones subterráneas. Las termas eran accesibles a través de un pórtico que miraba al mar. Se cubrían seguramente con bóvedas de cañón. Éstas no se habrían colgado de la estructura de un tejado a dos aguas, sino que se habrían sostenido sobre arcos de medio punto construidos con un ensamblaje de piezas singulares de terracota: huecas, en forma de huso, se habrían insertado unas dentro de otras, con lo que se constituía naturalmente medio arco, unido por la parte superior a otro medio arco mediante una pieza especial. Varios de estos arcos se “cosían” con tirantes o armaduras de hierro que atravesaban la base de las piezas cerámicas en contacto con el suelo, rellenas de hormigón, a fin de asegurar la estabilidad de la estructura. Vigas de madera soportarían un tejado a dos aguas de tejas.
Las piezas cerámicas fueron halladas desperdigadas por el suelo, por lo que la restitución del volumen es aún hipotética. Las ruinas de las termas, unas de las más importantes de Cataluña, se hallan cerradas y a la intemperie –pese a una cubierta metálica poco efectiva- por el desinterés de la Consejería, como la mayoría de los yacimientos arqueológicos cercanos.

Agradecemos al arqueólogo municipal Albert Martín sus desvelos.


DOS TEXTOS DE AUTORES ROMANOS SOBRE LADRILLOS EN HISPANIA

“En la España ulterior hay una ciudad de nombre Maxilua (…) donde los ladrillos, una vez fabricados y secos, los arrojan al agua y van flotando. Parece que flotan porque la tierra con la que están hechos es porosa. Así, al ser ligeros, consolidados por el aire, ni se empapan ni absorben el agua. Poseen esta curiosa propiedad de ligereza, lo que impide que penetre en su interior el agua sea cual sea el peso y, por su propia naturaleza –como si fuera la piedra pómez- flotan sobre el agua; poseen numerosos propiedades como el no ser pesados en los edificios y, además, no se deshacen por efecto de las tormentas y lluvias.” (Vitrubio –s. I aC-: Los diez libros de la arquitectura, II, 3)

«Los griegos antiguos llamaban a la palma de la mano doron ; más tarde, también llamaron al don u ofrenda, doron, porque éste se ofrece con la mano. Así, los ladrillos llamados tetradoron y pentadoron tienen cuatro y cinco palmos de largo, como su nombre indica, aunque la anchura es la misma. Los griegos emplean los ladrillos más pequeños en las construcciones privadas; los más grandes, en las obra públicas. (…) En Maxilua [quizá Manzanilla, en la provincia de Huelva, de tradición alfarera] y Callentum [seguramente Cazalla de la Sierra, no lejos de Sevilla], ciudades de la Hispania ulterior, se utilizan ladrillos que, una vez secos, flotan en el agua: están hechos de una materia porosa semejante a la piedra pómez, excelente cuando se moldea adecuadamente” (Plinio el viejo –s. I dC-: Historia Natural, XXXV, 49)

Eran, pues, ladrillos particularmente adecuados para unas termas